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::MORIR TODAVÍA por Susana Herman::


La misma semana que quince personas perdían la vida en la playa del Tarajal de Ceuta, el fotógrafo John Stanmeyer ganaba el premio World Press Photo. La imagen es de una extraordinaria belleza, pero detrás subyace la desesperación de inmigrantes subsaharianos por alcanzar el norte y, en esa acción épica, no perder nunca la "señal". Ese símbolo contemporáneo que aparece en una pequeña pantalla y que nos da la falsa certeza de existir y de estar conectados con el mundo.
Mientras los satélites reciben y devuelven señales incesantemente allá en el cielo, sin discriminar raza u origen, aquí abajo en la Tierra se construyen muros cada vez  más altos. Los gobiernos español y marroquí han planteado como solución inicial aumentar la altura de las vallas que separan ambos países para evitar que los inmigrantes sigan asaltándolas. Decía José Luis Sampedro que no se pueden poner muros a la desesperación, pero quienes deberían escuchar a los sabios hacen oídos sordos y acciones inútiles.
Mientras los señores que hace tiempo se autonombraron depositarios de nuestros destinos  duermen al abrigo de los peligros de la intemperie, en la playa de Yibuti,  cercana a Somalia, como en la noche de los tiempos, seres anónimos alzan los brazos al cielo y piden una señal con una luna brillante sobre sus cabezas.

::#KRUGMANTENÍARAZÓN por Susana Herman::


 A mediados de 2012, el premio Nobel de Economía Paul Krugman formuló tres vaticinios: anunciaba un corralito en España, la salida de Grecia de la UE y el fin del euro. No acertó con ninguno, pero sus supuestos poderes de predicción económica adquirieron fama en las redes sociales hasta convertirse en un hashtag: #quediceKrugman. Si bien se equivocó en la forma en que el desastre se cerniría sobre nosotros si Europa seguía aplicando políticas de austeridad y recortes sociales, no lo hizo en el fondo: estas medidas no iban a traducirse en crecimiento económico. 

::2013 O EL AÑO DE LA ESTUPEFACCIÓN por Susana Herman::


La pasada noche no pude pegar ojo. Mientras intentaba imaginarme el futuro, el corazón se me aceleraba. Y lo más inquietante de todo es que, junto a imágenes que pertenecen a mis miedos y obsesiones personales, asomaban las caras de Ana Botella, José Ignacio Wert y Mariano Rajoy. En serio. No es extraño que no haya conciliado el sueño hasta pasadas las cinco de la mañana.
Dudo que a estos personajes les provoquen insomnio las lamentables situaciones que crean ni que se cuestionen si su gestión aporta algún beneficio al bien común. No me imagino a Ana Botella

::LA AMABILIDAD DE LOS DESCONOCIDOS por Susana Herman::

Llevo pensando en la Blanche DuBois de "Un tranvía llamado deseo" desde ayer. Esa mujer rota a la que nadie ama, una criatura todavía hermosa pero frágil, casi transparente, que ya no pertenece a este mundo, sino a unodesaparecido que se lo prometió todo y no le dio nada. Y me viene a  la cabeza esa frase memorable que pronuncia al final de la película, cuando se entrega sin resistencia al doctor que se la lleva para internarla: "Siempre he confiado en la amabilidad de los desconocidos".
Ayer conocí a una Blanche DuBois en la oficina de empleo. Se sentó a mi lado, ambas con la vista fija en la pantalla donde iban apareciendo los números de turno. Sin mirarme, me dijo, casi en un susurro: "No pensé que la vida sería así. Yo antes tenía una vida".

::QUIERO SER KING KONG por Susana Herman::


(Gracias a Gustavo Martín Garzo y a Talleres Islados por inspirar este post.)

Hay un momento fundacional para el amor, también uno que marca el final. El amor es cosa de dos, debe serlo, pero difícilmente los amantes viven el principio y el final de su historia compartida al mismo tiempo. El que ama primero, el que asiste solo al estreno de ese teatro de maravillas que de pronto abre el telón y le asigna por fin un papel estelar, debe interpretar la mejor versión de sí mismo hasta conseguir captar el interés de su único espectador. Con un poco de suerte, recibirá el aplauso sin hacer demasiado el ridículo.
Hay una escena de "King Kong" (en la versión de 2005 dirigida por Peter Jackson y protagonizada por Naomi Watts) que siempre me lo recuerda. Ann, la bella actriz a quien interpreta Watts, despliega todo su talento ante un impasible King Kong, nunca satisfecho. Baila y hace piruetas en el filo de un risco, apenas a un metro del vacío; un mal paso o un simple movimiento del pulgar de King Kong podrían hacerla caer. Él tiene el poder.

::EL FINAL DEL VERANO por Susana Herman::

Los días de verano ofrecen otra dimensión del espacio y del tiempo. Una donde todo es relativo y posible. Año tras año, la vida nos da la oportunidad de ser fieles a nosotros mismos, al niño que fuimos, al que se le erizaba el vello solo con pensar en el largo invierno y en la perspectiva de otro año más de reclusión académica, y que nos sigue tentando con la idea de no regresar.
Pero acabamos cediendo a una imposición que no sabemos muy bien de dónde viene ahora que somos adultos y supuestamente libres. Habría que ser muy valiente para, por una vez, permanecer en el destino escogido más allá de los siete días y seis noches pactados, para empezar una nueva vida con la última muda limpia que llevamos puesta y una maleta llena de ropa sucia y de souvenirs que nunca entregaremos a sus destinatarios.

::ESPERANDO UN MILAGRO por Susana Herman::


En los aeropuertos. En las estaciones de tren. En los trayectos en metro. En una cita nefasta mientras el otro va al baño (o ni siquiera). Matamos los instantes destinados a ser polvo contemplando la pequeña pantalla de nuestro Smartphone. Me pregunto cómo aniquilábamos antes de la era digital ese tiempo premuerto, esos momentos de tránsito hacia ¿dónde?, hacia ¿qué? Quizá sonábamos con los ojos abiertos, quizá no perdíamos tan fácilmente el hilo argumental de nuestras vidas, buscábamos señales fuera y éramos más dolorosamente conscientes de la falta de respuesta. Quizá, pero no me acuerdo.

::EL ENIGMA ARTETA por Susana Herman::

El cuadro “Evacuación de un pueblo” de Aurelio Arteta estará colgado hasta el 7 de enero en el Centro de Arte Reina Sofía. No es de gran tamaño y la escena que inmortaliza se emborrona y confunde con tantas otras que comparten sala cuando el visitante hace un rápido recorrido visual. Si no hubiera sido porque antes de visitar Madrid había leído la novela de Kirmen Uribe “Bilbao-New York-Bilbao”, habría pasado delante de él sin reparar en su autor. Pocos pasos antes de llegar a Arteta había entrevisto apenas unos segundos el famoso “Guernica” de Picasso. Un numeroso grupo de turistas italianos lo contemplaba mientras escuchaba atento las explicaciones del guía y no dejaba ver más que recortes sin continuidad, así que seguí con la visita hasta llegar, por casualidad, a “Evacuación de un pueblo”.

::LA VERDADERA NATURALEZA DEL PERRO-KOALA por Susana Herman::

Decía Juan José Millás hace unas semanas en un curso de verano que “para escribir hay que estar muy jodido”; también para leer. Debe de haber algo que no se entiende, tener la sensación de que hay algún mecanismo que explica el funcionamiento del mundo que nos pasa desapercibido. Margaret Atwood opina lo mismo, que es un error la creencia de que los escritores saben más acerca de la mente humana, “saben menos, por eso escriben, para tratar de descubrir lo que todos dan por sentado”.

::NUESTROS HERMANOS GRIEGOS por Susana Herman::

En Grecia nació la democracia, que, con mejor o peor o suerte y salvo en contadas y deshonrosas excepciones, rige los destinos de nuestro planeta. También fue el lugar elegido por los dioses; allí se asentaron y se dedicaron a atormentar a los mortales, que tuvieron que aprender a dirigir sus vidas al margen de unas deidades caprichosas y demasiado humanas. Quizá venga de ahí el desdén que los ciudadanos griegos muestran hacia quienes detentan el poder y su poca confianza en que vayan a cambiar las cosas (sino para peor).
En 2009, antes de que el término “crisis económica” se inscribiera en nuestras conciencias, pasé unos días de vacaciones en dos islas griegas: la popular Santorini y una segunda cuyo nombre no revelaré, pero a la que decidí que huiría si algún día no tengo adonde ir ni nadie que me espere en ningún lugar. Allí encontré un pequeño paraíso de luz, olivos, miel y vino, y unas gentes que aman la vida por encima de todas las cosas, que han decidido existir al margen de todo aquello que no pueden cambiar.

::TODOS LOS NOMBRES por Susana Herman::

En apenas una semana, tres sabios nos han dejado sin haber resuelto todas nuestras dudas: la poeta polaca Wislawa Szymborska; su compatriota, el médico con inquietudes artísticas y escritor Andrzej Szczeklik; y el artista Antoni Tàpies.
Szymborska, conocedora de las trampas del tiempo, ya había escrito su epitafio, que dice así: “Debo mucho a quienes no amo […]/Gracias a ellos vivo en tres dimensiones […]/Ni siquiera imaginan/cuánto hay en sus manos vacías”. Releer este poema me ha hecho pensar en la lista de personas que, sin saberlo, te salvan la vida (o algunos momentos, que viene a ser lo mismo) y a quienes nunca les damos las gracias.

::UN BRINDIS POR LA INCERTIDUMBRE por Susana Herman::

Se acaba el 2011 y llega el momento de hacer recuento de este año “extraño”. Lo pongo entre comillas porque es uno de los adjetivos que más se repite en la ficción literaria junto con “mágico” (que no aparecerá en este artículo porque, si los próximos días no lo remedian, este que se nos va es uno de los años más impregnados de realismo que recuerdo).
Ha sido “extraño", imprevisible e incierto, de esos años que solo suman sin aportar significado, como si viviéramos un periodo de entreguerras o de transición política que, forzosamente, debe conducir a un año más digno de ser recordado. Pero ¿qué acontecimiento nos dará la señal del cambio? ¿Y cuánto falta para eso?

::TODAVÍA por Susana Herman::

Nos gusta pensar que las cosas llegan a nuestra vida en el momento adecuado, que hay un tempo marcado, una cronología exacta, pero no, la vida nunca sucede reloj en mano. El secreto de sus ojos, la película de Juan José Campanella, ha llegado a mí un poco tarde, ayer, una tarde lluviosa de otoño demasiado propicia para la nostalgia y para desfigurar recuerdos, para vivir esos “mil pasados” que no fueron.
Justo después, una charla con amigas me dejó con la certeza de que la mayor parte de nuestra vida no caminamos a ciegas, de que en el fondo de nosotros mismos sabemos cuándo dimos el paso en falso, ese que no supimos o no quisimos rectificar a tiempo, un poco como el personaje de Ricardo Darín en la película. ¿Dejar de contemplar ese error y las vidas alternativas que no fueron para vivir el presente que nos toca?, ¿o retomarlo todo allí donde lo dejamos, donde nos perdimos, y caminar de nuevo? La opción más difícil, sin duda, la más descabellada y loca, la más valiente.
El personaje de Ricardo Darín toma partido, pero no diré por cuál de las dos opciones, por si alguien también está llegando tarde a esta película. Sólo decir que, en el cine, sigo teniendo predilección por esas escenas que suceden en una estación de tren, en una carretera o en una habitación de hotel, donde la pareja protagonista divide sus destinos para quizá no volver a encontrarse nunca, y sin saber todavía que rememorarán ese instante hasta la extenuación, en tantas tardes lluviosas de demasiados otoños.

::DEL AMOR Y OTROS ERRORES por Susana Herman::

Hace años, siendo adolescente, leí una entrevista a Isabel Coixet en la que citaba la letra de una canción de Joe Jackson: “El amor es la prueba de que Dios tiene sentido del humor”. Y aunque le encontré su gracia y la retuve en la memoria, solo años después pude vincular miradas, frases y despedidas, más o menos definitivas, a una reflexión que, en momentos en los que crees que el mundo se acaba, siempre consuela. Aunque solo sea por echarle la culpa a otro por tus errores. Últimamente tengo la sensación de que “Dios” (o llámesele “Destino” o “Llegar Siempre a Destiempo”) más que sentido del humor, tiene tendencia a gastar bromas pesadas que casi rozan el ensañamiento. Decía Steve Jobs, y antes que él me lo enseñó mi abuelo, que uno no entiende el rumbo de las cosas hasta que las mira con la perspectiva del tiempo. Si tan sabias palabras son ciertas, hasta que mi vida acabe siendo una constelación de momentos más o menos coherente, prometo arrancar carcajadas sin fin.

::CUANDO BERLÍN YA NO SEA BERLÍN por Susana Herman::

Hay un momento en la vida, fugaz casi siempre, en que uno es auténticamente quien quiere ser, es un punto donde se une algo de pasado, mucho presente y una vista puesta en el futuro como un punto en el horizonte, pero al que no se tiene prisa por llegar. Ocurre lo mismo con las ciudades.
Visité París por primera vez hace dieciocho años, era Semana Santa y la ciudad estaba plagada de turistas, pero todavía había lugares a los que huir de las imágenes de postal y en los que se podía respirar un poco de paz “parisienne”. La place des Vosges, por ejemplo, donde vivió Víctor Hugo, en pleno Marais, fue un oasis semidesierto durante aquel viaje. Durante mi última visita, la Semana Santa pasada, la plaza había sido tomada por los turistas, no se distinguía el verde del césped y se ofrecían masajes por 5 €. Me dio la sensación de que París se había convertido en una prolongación de Disneyland.
Acabo de llegar de Berlín, una ciudad que vive su momento de plenitud y que tiene el suficiente atractivo para convertirse en otro París. Mientras tanto, vive su gloria como la joven capital de Europa, pensando en el presente y en un esperanzado futuro. Vienen a mi mente rincones encantadores donde no podía evitar visualizar, de aquí a cinco años, a cientos de turistas haciendo cola para hacerse con una mesa… No daré pistas sobre dónde localizarlos para no adelantar lo inevitable.

::JORGE SEMPRÚN: LA ESCRITURA Y LA VIDA por Susana Herman::

Le irritaba la idea de que pronto ya no estaría aquí, “en medio de la belleza del mundo o, por el contrario, en su grisácea insipidez”, que ya no hubiera nadie que recordara sus recuerdos.
Semprún sobrevivió al campo de concentración de Buchenwald por un error del oficial nazi que le tomó los datos: en lugar de estudiante, anotó que era estucador, sin duda, una profesión más útil para el mantenimiento de la infraestructura del horror, y también para salvar la vida. Fuese o no un error voluntario, también acabó convirtiéndose en un recuerdo que ya no tiene quien lo recuerde.
Algunos compañeros de Buchenwald que experimentaron el gris más opaco de la vida junto a Semprún, acabarían suicidándose años después de que el campo fuera liberado el 11 de abril de 1945. Él sobrevivió. El año pasado visitó Buchenwald por última vez, y allí recordó “la joven vivencia de la muerte”, que esperó al falso estucador hasta los 87 años.
El adiós a Semprún me ha hecho pensar que nos vamos quedando sin sabios, que la lista de los que nos dejan solos ante las bellas y grises contradicciones del mundo cada vez es más larga. Precisamente ahora que la sabiduría da tanto miedo y se administra en “píldoras” de fácil asimilación; ahora que, más que nunca, necesitamos lecciones de vida de prescripción continua.

::EL ACADÉMICO DESMEMORIADO, LOS JÓVENES SIN FUTURO Y UN SEÑOR BAJITO por Susana Herman::

El primero intenta contarnos “una” historia, los segundos darle un giro antes de que otros la escriban por ellos y el último vuelve a estar de actualidad por su biografía “revisited”.
El académico desmemoriado. Dice el señor Luis Suárez, responsable de redactar la entrada correspondiente a Francisco Franco en el Diccionario Biográfico Español de la Real Academia de la Historia, que él no es partidario de la “memoria histórica”, pero sí de la “conciencia histórica”. Supongo que se podría disertar interminablemente, en términos académicos, sobre tan magna cuestión, pero es bien sabido que la inteligencia, si no se ejerce con sentido común, no sirve de nada. O, dicho de otro modo, para qué marear la perdiz si no hay tal perdiz.

::OBAMA ANTE EL ESPEJO por Susana Herman::

De mis años de estudio en la facultad de Derecho recuerdo, sobre todo, las asignaturas de Derecho Internacional, sentía verdadera pasión por la defensa de los derechos humanos, y siempre me pareció paradójico que la creación de leyes y organismos que defiendan lo que es obvio hayan tardado tanto en cristalizar a lo largo de la historia. Ya en el primer año, aprendí que para que lo obvio pueda ser defendido necesita, en primer lugar, reconocimiento jurídico y, en segundo lugar, un aparato judicial ante el que defenderlo. Construir ambos ha llevado (y lleva) tiempo, pero, afortunadamente, hoy contamos con valiosos instrumentos para defender la legalidad internacional.