El engaño perpetuo del adelantado Harry Houdini no tiene parangón. Este padre prematuro del escapismo convirtió charadas de vodevil en arte, para asombro de sus coetáneos y, por supuesto, para nosotros.
Lo mejor de la esencia de Houdini no fueron sus engaños visuales, sino que consiguió convencernos de que realmente pasaba lo que él quería que viéramos, nos engañó a todos creando otra realidad verdadera pues, desgraciadamente, el ojo lo ve todo, pero la bolsa de materia gris llamada cerebro es la que se niega a percibir lo obvio.
Este príncipe del sortilegio, elevado a rey del ilusionismo, con sus ojos misteriosos ha pasado a la historia por sus anécdotas, escapando a la muerte en teatros de medio mundo para regocijo del público y sin haber firmado ningún pacto con el Maligno. Sus trucos, hoy en día, siguen engañando al ojo y, por supuesto, a la mente.