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::DAKOVIKA por Eloy Rubio Carro::

La peripecia de esta novela comienza cuando quien quiera disponer de ella tenga que entrar físicamente en los territorios donde transcurre, tenga que pasear esos espacios, ir a la única librería que ha podido disponer de ella en León y escuchar del librero, que el editor de la misma, le proporciona los ejemplares a cuentagotas; se dispondrá entonces, como fue el caso, a pedir ayuda al más avezado buscador de joyas librescas e iniciar la pesquisa por el barrio de Santa Ana, en una tienda de viejo donde en su momento se hizo la presentación del libro. Así fue nuestra busca, que nos llevó por un par de bares y unas cuatro tiendas más, y que no dio el fruto deseado, pues acabé por leerla en formato digital. 
Nunca hemos vivido más pegados al mundo inmaterial. Muchas de nuestras lecturas cotidianas carecen de soporte físico; pero, salvo en épocas de prohibición y censura, el contacto físico se limitaba a ir a una librería y llevarse el libro para casa; jamás a estas pesquisas, a estas dilaciones, a estas mojaduras impropias del mes de marzo, para luego conformarse a esa ‘nube del no saber’.

::INFANCIAS RECUPERADAS por Eloy J. Rubio Carro::


Subiré a ese pobre niño a lo alto del árbol y después derribaré
la pared, y mi jardín será para siempre el lugar de juego de los niños.
O. WILDE.

¿Hay algo fuera del tiempo o todo se halla en el tiempo? Es la pregunta que me sugiere “Caballos”, un hermoso aunque enigmático poema de José Luis Puerto ,incluido en el ya antiguo libro “Un jardín al olvido”.
El poema se mueve en torno de un deseo, ”Que vuelvan los caballos del tiempo a mi jardín”. Ahora mismo si me paro, escucho mis latidos como en un galope desbocado que no se satisface mas que cuando extenúe, a la muerte. Ah, no, parece decir el poeta, ¿Cuándo empieza ese galopar? Allá en la nada, allá al comienzo del corazón. “Siento aún el galope velocísimo/ De esos latidos…”. Es en un momento de descuido, en la inconsciencia como señala Buzzati que esta carrera se lanza y ensordece y pasa, perdiendo la cuenta del punteo del corazón. Ah no, quiere decir el poeta ¿Qué hubo en el origen? ¿Qué antes del cabalgar? Y en el origen hubo un espacio virgen “Lleno de castañares, de granito…” Componer este paisaje, convocarlo de nuevo, recordar, hacerlo viable; “Tengo caminos para su galope/ Que llevan a un jardín, a mi jardín”. Pasos en la memoria que resuenan en el palpitar que palpita, a la puerta de la rosaleda que no abrimos nunca; pero en este poema se declaran de par en par abiertas las puertas del jardín, se proclama el derrumbe premeditado del muro con el que aquel gigante contenía a la infancia. Aquí mi casa sin muros.