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::REFUNDAR EL MARXISMO por César Reis::

Aunque el presente texto se escribió hace exactamente tres años (noviembre de 2008) para otro lugar, lo recupero de nuevo porque creo que mantiene cierta vigencia. Las circunstancias en que se gestó han cambiado, no así el fondo. No obstante, las posibles interpretaciones (literales, irónicas…) las dejo a elección del lector, que sabrá contextualizarlo como debe eximiéndome de la posibilidad de refundirlo (o refundarlo) de nuevo.
Vamos a ver, déjenme que me aclare. O sea que, al final, el presidente Rodríguez Zapatero va a acudir a la famosa cumbre del próximo 15 de noviembre en Washington, esa en la que dicen que se va “refundar” (ese palabro) el capitalismo o, dicho eufemísticamente como suele preferir la prensa, “reformar el sistema financiero mundial con resultados concretos en el plazo de cien días”. Y que lo va a hacer como parte de la representación europea junto con Alemania, Francia, Reino Unido e Italia, miembros estos cuatro del G-20, el grupo de los países más ricos y de las economías más emergentes. ¿Qué quieren que les diga? No me parece mal, no seré yo quien lo critique. Sea como fuere, Sarkozy dixit, Zapatero iría en representación de la “octava potencia económica mundial” (España). Eso sí, simplemente desearía hacer una pequeña puntualización, creo que necesaria, pues pienso que en esa reunión hay alguien que no debería de ninguna forma faltar. Y no me refiero a Joe The Plumber (of course), sino a otra figura singular: Reinhard Marx, arzobispo de Múnich y Freising. No, no se asombren ni se escandalicen (o al menos esperen todavía un poco para hacerlo), tampoco me juzguen tan rápido. Sólo dejen que me remita a los hechos. Empezaré, como debe ser, por el comienzo.

::ENFERMOS DE REALIDAD por César Reis::

La mejor metáfora de los tiempos que corren la ha protagonizado, sin duda, Dominique Strauss-Kahn, exdirector del Fondo Monetario Internacional, al abusar (supuestamente) de una camarera de hotel, inmigrante para más inri. Ya saben, el capital jodiendo a los trabajadores sin el consentimiento de estos. Que el pájaro sea, además, socialista no es anecdótico ni baladí, es una muestra más de la connivencia de algunos políticos de izquierda con el capital, pues, como muchos recordarán, en lugar de refundar el marxismo cuando se dio la ocasión, se sumaron a la refundación (de nuevo ese palabro) del capitalismo de una forma obscena y flagrante.
Y es que la realidad es tozuda y se empeña en inmiscuirse en la vida de uno sacándolo de la cueva de las lecturas en las que otro mundo es posible. Leo desde hace un tiempo los diarios de William L. Shirer, esos apuntes que el genial periodista norteamericano publicó en 1941, después de dejar la Alemania nazi en la que había vivido siete años. En ellos, con una lucidez y una perspectiva temporal fuera de lo común, contaba cómo se vio desde dentro el auge del nazismo, la pérdida de libertades y las manipulaciones por parte de unos dirigentes sin escrúpulos capaces, no sólo de engañar a su propio pueblo, sino también de saltarse a la torera los pactos firmados con las naciones extranjeras. Y, aunque no pretendo hacer, ni mucho menos, un paralelismo con la salud de las actuales democracias europeas, sí me resultan llamativos algunos de sus comentarios acerca del uso de la propaganda por parte del doctor Goebbels. Nos habla el norteamericano de masas enfervorizadas ondeando banderitas en los mítines del partido absortos en las palabras del Guía, ruedas de prensa sin posibilidad de preguntas, distribución a los periodistas de discursos ya grabados y editados… Entonces me acuerdo de la campaña electoral en la que andamos.
Ante la pasividad de todo el mundo, incluidos los propios medios, por abusos como los anteriormente citados, sobresale el 15 de mayo esta masa de los que se hacen llamar “indignados”. Me imagino que detrás del nombre está Indignez vous!, ese librito de Stéphane Hessel, antiguo miembro de la Resistencia y colaborador en la elaboración de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Su maravilloso panfleto vendió hace unos meses, sólo en Francia, más de 850.000 ejemplares. (Uno piensa, aunque no lo haya escuchado en medio alguno, que tal vez pudiera estar detrás de las revueltas de esos países árabes llenos de población francófona.) Aunque no dejen de ser una “masa” (con todo lo que ello connota) y pese al discutible nombre del movimiento, “Democracia real ya”, los indignados han sido la única nota fresca de una campaña electoral en la que los políticos han ejercido de tales (también con todo lo que ello connota), con un entusiasmo más bien fingido y la misma escasa consideración o respeto de siempre hacia la educación, entre otras cosas, del electorado. Dicen los analistas (no sé si son los mismos que no intuyeron las revueltas árabes) que estos “indignados” son, sobre todo, votantes de izquierdas descontentos. Es cierto que en este sector está más presente el espíritu crítico, incluso con sus propios dirigentes, que entre los conservadores. Pero, vista la cuestión en términos de oportunismo electoralista, no deberíamos olvidar que, hace unos meses, el portavoz del PP González Pons incitaba a las masas a un tipo de revuelta similar, comparándonos equivocadamente (o en eso coincidieron los analistas) con los países árabes, y esto debería hacernos reflexionar.
Vuelvo a mi mundo, aunque no puedo dejar de pensar en los “indignados” como unos quijotes que (al contrario del novelesco) viven enfermos de realidad al pretender llevar la teoría a la praxis. Tal vez, como el héroe cervantino, acaben chocando, no en este caso con la propia realidad, sino con esa ficción artificiosa que se ha instaurado en la vida privada y pública, política sobre todo, y que no va a ser fácil desmontar, y mucho menos de un día para otro.

::LA DIPLOMACIA SEGÚN ASSANGE por César Reis::

Se atribuye a Voltaire el dicho aquel de que “cuando un diplomático dice ‘sí’, quiere decir ‘quizás’, cuando dice ‘quizás’, quiere decir ‘no’ y cuando dice ‘no’ no es un diplomático”. Intuyo que el ilustrado francés se mostraba en este aforismo tan cándido y leibniziano como el personaje de su conocido (y atribuido) relato. O al menos, esto es lo que se concluye después de todo el revuelo levantado por los famosos cables de Wikileaks. A estas alturas el guionista de la vida de Assange –porque nadie duda que la vida de Assange, igual que la de Belén Esteban, sólo puede ser fruto de la mente calenturienta de algún guionista- tiene que estar frotándose las manos.

::LA ROJA, LOS TOROS Y YO por César Reis::

He de reconocer que, de entre los ocho goles de la Roja en el Mundial que acaba de terminar, uno de mis preferidos fue el que marcó a Alemania Carles Puyol, el capitán del Barça. Y no porque yo pueda tener algún tipo de preferencia por este equipo –lo cual, aunque así fuese, sería totalmente irrelevante–, sino porque, en su celebración, Puyol supo demostrar a la concurrencia que los futbolistas, pese al grado de aislamiento y concentración que requiere una competición de la envergadura de un Mundial, también están conectados con la realidad. Más, me atrevería a decir, que muchos de los aficionados. Más, incluso, que algunos de los medios que retransmitieron fielmente el acontecimiento. O sino, ya me dirán cómo se explica la escasa repercusión que tuvo su gesto en homenaje a los antitaurinos –véase la foto que acompaña a este texto–, precisamente la víspera de que el Consejo de Garantías Estatutarias avalara por mayoría el texto, que irá a votación en el pleno del Parlament catalán el próximo 28 de julio, sobre si se realizará esa modificación de la Ley de Protección de los Animales según la cual podrían llegar a prohibirse las corridas en Cataluña.

::DE LOS MUERTOS Y EL OLVIDO por César Reis::


Uno de los episodios más estremecedores, y probablemente más ignorados, de la Segunda Guerra Mundial es el relacionado con la matanza llevada a cabo en el bosque de Katyn, a 20 kilómetros de la ciudad rusa de Smolensk, cercana a la actual frontera con Bielorrusia y donde el sábado se produjo el accidente aéreo en el que falleció el presidente polaco, Lech Kaczynski. Allí, pero también en Tver, en Jarkov…, el ejército soviético ejecutó en 1940 a casi 22.000 militares polacos mediante el procedimiento del tiro en la nuca. La masacre había sido ordenada por Stalin siguiendo el consejo de Lavrenti Beria, jefe de de la NKVD (la policía secreta precursora del futuro KGB).

::EL TIEMPO Y LA MEMORIA por César Reis::

Leer el BOE como un libro de horas, como un dietario, como un cuaderno de bitácora. En él, bajo ese vislumbre de estilo, gris y funcionarial, que tanto lo singulariza, se registra con metódica lasitud buena parte de nuestra aburrida cotidianidad, de los trabajos y los días, lo sórdido y lo sublime. A veces por omisión. La intrahistoria de la Historia se desgrana multiplicándose ad infinitum en un sinfín de órdenes, decretos, proyectos de ley… de aburrida lectura y morosa ejecución.
Postulo este argumento porque hace unas semanas un asunto de lejana memoria, cuya pista me atreví a seguir hace años –e incluso a publicar un rudimental bosquejo–, saltó de nuevo a la luz.

::JOEY por César Reis::

Parafraseando con libérrima impudicia al poeta Gil de Biedma, me atrevo a decir que de todas las historias de mis bandas de rock preferidas, sin duda la más triste es la de los Ramones, porque termina mal. Si para destripar las vidas posibles de los Beatles en el moroso Anthology fue necesaria la friolera de casi diez horas, Jim Fields y Michael Gramaglia apenas emplearon 108 minutos en ilustrar con no menos pasión la historia de los Ramones en “End of the Century” (2003). En el fondo nada extraño, proporcional a la duración de los temas de ambas bandas.
La música perpetrada por la banda de Queens resulta, de pura sencillez, sumamente ingenua –estriba en ello la propia simplicidad del rock’n’roll en tanto que manifestación genuina de la música popular moderna–, llena de tonadas vivaces, pletóricas, sinceras...

::POESÍA DE LO EFÍMERO por César Reis::


En La cultura (Santillana, 2006), ese moderno manual para eruditos a la violeta, Dietrich Schwanitz recomienda al hombre culto, o al que pretenda pasar por ello, no ver en absoluto la televisión y, si lo hace, al menos no admitirlo públicamente. Hace cosa de un año Bruno Marcos me mostró un vídeo colgado en YouTube, rodado en 1928 por Feliciano Vítores, en el que se veía a “Ramón” por antonomasia –Gómez de la Serna– representando su monólogo del orador. Sin dudarlo lo envíe por e-mail a todos mis amigos. La mayoría ni siquiera contestaron. Los que sí lo hicieron mostraron su incomprensión ante ese señor extravagante y con voz de no-do que exhibía un absurdo monóculo sin cristal y un ridículo dedo de cartón piedra emitiendo sandeces –“genialidades” hubiera dicho yo. Un año después, en la cercanía del fin de año, recibo por correo un envío similar. En él se ve a un tierno efebo sumergido en una bañera tal como Dios lo trajo al mundo. Desconozco la razón de ser de todo esto, de este nuevo vídeo que circula por la red. Tal vez algún absurdo concurso de la cadena que se nombra. Su afectado discurso resulta para mí tan incomprensible como para mis amigos –¿puedo seguir llamándolos así?– resultaba el de Ramón. Sin embargo, creo que sólo ahora he llegado a entenderlos. El espectador como mirón de sí mismo y de los otros se presta al juego televisivo en pos de unos leves y warholianos minutos de fama. Aunque algunas de las referencias que hay en este nuevo vídeo son claramente reconocibles, incluso para alguien que confiesa ver la televisión tan poco como yo, la mayor parte se me escapa. C’est la vie. Al menos la performance de este impúdico muchacho, ese discurso abstruso para mí, está cargada de cierta poesía de lo efímero, de cierta melancolía de lo factual, de ese presente que ya es pasado, también de cierta afectación dramática, de cierta mise en scène –ese pellizco a la copa de champán– que no lo salvará, sin embargo, de una innegable y más que previsible caducidad.

::CÓMO ACABAR CON FACEBOOK DE UNA VEZ POR TODAS por César Reis::

Ya está. Tenía que decirlo, pero por favor que nadie se moleste ni se sienta ofendido por ello. No me mueve una especial manía a las llamadas redes sociales. O al menos eso es lo que pienso. Lo que ocurre es que tengo un grave problema de sincronización con las modas. Déjenme que me aclare. Pero lo mejor será que comience por el principio.
La cosa se inició hace unos meses. Hasta entonces me sucedía lo mismo que le ocurre a casi todo el mundo, ya saben, abría el correo electrónico y me encontraba sepultado bajo aluviones de mensajes de mis amigos: reenvíos de powerpoints con chistes o manifiestos llenos de buenas